Sobre la práctica de Ahimsā

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Translated by Nicola Espinosa

¿Qué es Ahimsā?

Ahimsa –el primer yama en el Ashtanga Yoga  de Patanjali- a veces es interpretado como ‘no matar’, pero el espectro de Ahimsa es mucho más amplio. Vyasa, el primer y más respetado comentarista de Patanjali, escribe que Ahimsa es la suspensión completa de hostilidad y, al mismo tiempo, la suspensión completa del deseo de herir a cualquier ser viviente. De una u otra manera, ahimsa es la base de todas las tradiciones espirituales. Es la práctica más importante y fundamental de todo aquel que sigue el camino espiritual. Por eso, no es coincidencia que el Ashtanga Yoga de Patanjali empiece con Ahimsa. Prashant Iyengar escribe que si los Yamas son un árbol, Ahimsa sería la raíz; sin Ahimsa los siguientes cuatro Yamas no podrían existir: Satya (verdad), Asteya (no-robar), Brahmacharya (continencia) y Aparigraha (libre de codicia). Así como las ramas y hojas del árbol nutren la raíz, y la raíz nutre al resto del árbol, Ahimsa está conectado con los demás Yamas -la práctica de Ahimsa fortalece los otros Yamas y la práctica de los otros Yamas fortalece Ahimsa-.

La definición de Ahimsa propuesta por Vyasa es muy extensa y, con ello, su alcance es infinito. En ese sentido la totalidad de Ahimsa es imposible porque todo ser viviente consume recursos por su propia existencia: recursos que necesariamente son despojados de otras criaturas. Por ejemplo cuando respiramos, caminamos, bebemos y comemos podemos dañar varias bacterias alrededor nuestro, bacterias que existen en la comida, el agua, el aire, etc. Además, cuando los recursos son limitados su consumo puede perjudicar no sólo a criaturas microscópicas sino también varios seres vivientes. Pero si no consumimos lo que necesitamos para nuestra existencia, nos dañaríamos a nosotros mismos y, nuevamente, romperíamos con Ahimsa. Como nosotros mismos tenemos el derecho a existir, nuestro objetivo debería ser minimizar lo máximo posible el daño realizado a seres vivientes. Este sería un objetivo realista (aunque dificil de alcanzar) por el que podemos esforzarnos.

Prashant Iyengar indica que hay dos niveles de Ahimsa: un camino relativo (Anuvrata) y un camino absoluto (Mahavrata). ([3] p. 43) Patanjali señala claramente que los Yamas son Mahavrata (votos absolutos) que se aplican todo el tiempo y en todos los lugares sin importar las consecuencias o circunstancias (Yoga Sutra II.31). Estos son votos universales que no dependen de la cultura o época y debieran ser buscados incluso si suponen un impacto negativo material, social, económico o físico hacia nosotros mismos. Sin embargo, dejó una puerta abierta para que la persona promedio busque el nivel relativo de Ahimsa (Anuvrata). Probablemente, era consciente de lo dificil que puede ser practicar Ahimsa a un nivel absoluto.

 

¿Por qué es dificil practicar Ahimsa?

Cualquiera de nosotros podría ser un epicúreo y preguntar: ¿por qué siquiera practicar Ahimsa? Podríamos argumentar que Ahimsa no es natural, porque en la naturaleza los fuertes sobreviven y los animales atacan a otros para sobrevivir. Bajo la misma lógica, diríamos que el hombre es parte de la naturaleza y la evolución lo ha formado para sobevivir de la misma manera. Entonces nos podemos preguntar: ‘Si soy fuerte, ¿por qué no debería usar más recursos naturales para mejorar mi calidad de vida y la de aquellos que me rodean?’ A fin de cuentas, el hombre se ha comportado de esa manera desde el comienzo de la historia y continúa haciéndolo hasta el día de hoy.

La primera respuesta a este cuestionamiento es que de hecho el hombre es parte de la naturaleza, pero también es diferente al resto de los animales. Si bien el ser humano contiene un ‘componente animal’ motivado por instintos de supervivencia, a diferencia de otros animales, tiene Buddhi (inteligencia) que provee consciencia para discernir y emitir juicios morales. Por lo tanto, el ser humano tiene instintos animales pero también tiene un aspecto espiritual. El ser humano es consciente de sus actos y puede juzgarlos determinando si están bien o mal, puede sentir el sufrimiento de otro ser y actuar acorde a estándares altruísticos.

Desafortunadamente, en los tiempos modernos, las consecuencias de la codicia, violencia y agresión del ser humano amenazan el bienestar e incluso la supervivencia de la especie. Es una gran ironía: los instintos de superviviencia modificados a través de nuestra evolución pueden llevarnos a nuestra propia aniquilación. Por eso es necesario que como seres humanos entremos a una nueva fase evolutiva pronto. Esta fase se llevará a cabo practicando yoga (o cualquier práctica espiritual). No obstante, es importante entender que Himsa (lo opuesto a Ahimsa: la tendencia a la agresión y el daño) está profundamente arraigada en nosotros dado que a través de la historia hemos peleado con otras especies y grupos de personas para sobrevivir y progresar.

Dentro de cada uno de nosotros hay una semilla de Himsa. Afrontémoslo, naturalmente todos nosotros tenemos la tendencia al egoísmo y la avaricia; pensar en el bienestar de los demás no está dentro de nuestras prioridades siempre. Sin embargo, si seguimos el camino del yoga y aceptamos la práctica de Ahimsa nos volvemos conscientes de la existencia de las semillas del egoísmo, avaricia, envidia, etc. y aprendemos a prevenir su manifestación. Debemos entender que evitar el daño no es simple y requiere practicar y estar perceptivos conscientemente todo el tiempo. Mientras la vida no nos rete podemos ser amables, pero cuando alguien nos hiere, roba nuestra propiedad, nos amenaza u otra cosa, nuestra tendencia es a molestarnos y surgen reacciones de ira y violentas que no son fáciles de controlar.

 

Las múltiples expresiones de Ahimsa

Himsa, o hacer daño, puede realizarse a través de la acción, la palabra o el pensamiento. La palabra puede herir más que la acción física. Cuando difamamos a alguien o lo insultamos, podemos destruirlo y causarle un daño más serio que una lesión física. Incluso los sentimientos de hostilidad y enojo sin una expresión física o verbal pueden dañar a otra persona. Podemos herir a otra persona a través de nuestro comportamiento, expresiones faciales y la manera en que usamos nuestros ojos. A veces, sólo con evitar la acción podemos causar un daño profundo. Ignorar y descuidar puede dañar más que un daño directo. Por ejemplo, los padres que ignoran o descuidan a sus hijos los hieren profundamente.

Himsa puede ser directo o indirecto. A veces no causamos daño personalmente pero ocasionamos que otro cause daño y transmitimos Himsa. Incluso cuando tenemos la intención de causar daño, ya es Himsa.  También puede considerarse Himsa cuando demandamos algo o esperamos algo de otra persona especialmente si se hace de forma autoritaria. Si nuestras demandas o expectativas son contrarias a la voluntad de la persona pueden lastimarla potencialmente. Así, los padres que tienen expectativas muy altas para sus hijos pueden herirlos, a pesar de tener las mejores intenciones.

Puede ser dificil identificar Himsa. Una mirada externa o superficial no siempre permite determinar si una acción es Himsa o no. Por ejemplo, imagina a una persona parada cortándole el cuerpo con un cuchillo a otra persona echada a sus pies. Esta persona puede ser un asesino, pero también puede ser un cirujano que intenta salvar la vida de un paciente. Lo que determina la acción es la intención: ¿hay una intención de hacer daño? Incluso una acción extrema como matar a una persona puede, en algunos casos, ser Ahimsa; por ejemplo, cuando es evidente que matando a un asesino cruel podríamos salvar a docenas de personas o tal vez cientos de otros inocentes.

 

Níveles de Ahimsa

No-daño es el resultado de un comportamiento que puede ser nutrido en diferentes niveles. Podemos diferenciar tres:

  1. Ahimsa mental
  2. Ahimsa moral
  3. Ahimsa espiritual

 

  1. Ahimsa a un nivel intelectual-mental es cuando entendemos los límites del poder y sabemos que si continuamos actuando violentamente y dañando nuestro entorno, la violencia regresará y nos dañará. Como decía Mahatma Gandhi, ‘en un mundo que sigue la regla de ojo por ojo, toda la humanidad se volverá ciega pronto’. Este es un nivel que sigue la lógica ‘Si yo estoy bien, tú estás bien’. O, en otras palabras, un nivel en el que comprendemos que para mantener un estilo de vida razonable y lograr un nivel de seguridad razonable, debemos contenernos de dañar a otros. Pero una motivación mental para lograr Ahimsa no siempre es suficiente para cambiar nuestro comportamiento. Un buen ejemplo es el caso de un cardiólogo que continúa haciéndose daño a sí mismo fumando compulsivamente, a pesar de entender intelectualmente, mejor que cualquiera, los daños que causa fumar.

Entonces podemos comprender que un estándar de vida alto acarrea una sobre-explotación de los recursos y, por lo tanto, se dañan plantas, animales y seres humanos de diferentes países (sobretodo de los países mas pobres y vulnerables) y, a pesar de comprenderlo, no logramos bajar nuestro estándar de vida. Es muy dificil cambiar hábitos y comportamientos basándonos únicamente en el conocimiento y comprensión mental. Todos sabemos que en los últimos años el calentamiento global se ha acelerado, que este proceso tiene consecuencias devastadoras y que los científicos calculan que tendrá consecuencias aún más serias en un futuro cercano. Pero la humanidad no hace mucho por frenar este proceso. ¿Por qué? Por la codicia. Entonces se requiere de algo más que la comprensión intelectual para mantener Ahimsa.

 

  1. Ahimsa a un nivel moral es cuando nos damos cuenta que nuestras acciones pueden causar sufrimientos a otros y comenzamos a actuar según nuestro grado de consciencia. Escuchando a este sentido de justicia y moralidad podemos frenar nuestra tendencia natural hacia la violencia y la agresión. Sentimos que las acciones hirientes son incorrectas y que ‘no debemos hacerle a los demás lo que no queremos que nos hagan’. Sin embargo, incluso este nivel de Ahimsa no es completamente inmune. Observemos cómo reaccionamos cuando alguien nos hiere, nos insulta, nos desprestigia o roba alguna de nuestras pertenencias. Lo más probable es que respondamos con ira y violencia.

 

  1. Ahimsa a un nivel espiritual es cuando nos vemos reflejados en otros y a los demás en nosotros mismos. Este es un nivel en el que sentimos, en cada fibra de nuestro ser, la comunidad que compartimos todos los seres vivos y dejamos de estar motivados por un interés egoísta para actuar para el beneficio de todos los seres sintientes, de manera altruista. Este es el nivel absoluto de Ahimsa basado en ‘querer al prójimo’, que viene a ser lo mismo que ‘quiere a tu prójimo como a ti mismo’. Solo con amor incondicional podemos desarraigar completamente las raíces del odio y el daño.

 

Ravi Ravindra escribe:

“Ahimsa debe ser entendido no en términos de apariencias ni formas externas de conducta sino en relación a la intención interna y al orden involucrado. Una intención y motivación egoísta, a pesar de lo plácido, pacífico y no-violento que pueda ser el comportamiento, siempre carga semillas de violencia en su núcleo. Krishnamurti dijo: ‘Mientras yo soy, el amor no es’. Mientras el ego lidere, que es lo mismo que mientras haya egoísmo, todas nuestras acciones son sin amor. Si actuamos sin amor, hay una violación del espíritu. Ahimsa, en plenitud, no es posible para una persona mientras sea ego-centrada.” [4]

[“Ahimsa needs to be understood not in terms of appearances and external forms of conduct, but in relation to the internal intention and order involved. Egotistic intent and motivation, however placid, peaceful, and non-harming the external behavior may be, always carry seeds of violence in their very core. Krishnamurti said:, ‘As long as I am, love is not.’ As long as the ego is in charge, which is to say as long as there is selfishness, all our actions are without love. If we act without love, there is a violation of the spirit. Ahimsa in full measure is not possible for a person as long as the person is ego-centered.”]

En el Sutra II.35, Patanjali escribe que cuando un yogui se establece completamente en Ahimsa, se desvanece toda la hostilidad alrededor suyo. Para lograrlo el yogui tiene que haber desarraigado todos los rastros de hostilidad e irradiar amor incondicional y compasión hacia todos los seres vivientes. Esto sería Ahimsa a un nivel espritual.

 

La profundidad en la práctica de Ahimsa

Ahora podemos comprender la profundidad de la práctica de Ahimsa: abarca todo el Ashtanga Yoga (los ocho miembros del Yoga). Para mantener Ahimsa a plenitud, debemos estar en Samadhi (y por supuesto no podemos alcanzar Samadhi sin Ahimsa). Todos los miembros del Yoga están relacionados y se alimentan entre si.

La consolidación absoluta de Ahimsa solo es posible como el resultado del amor fraternal e incondicional hacia todos los seres vivientes. (Maitri – revisar Sutra I.33). Solo este tipo de amor asegura la no-violencia bajo cualquier condición. Solo con Ahimsa a un nivel espiritual logramos entender completamente que herir a otro ser viviente es una ofensa a nosotros mismos; como cuando los padres sienten que herir a sus hijos es una ofensa hacia ellos también.

Por lo tanto, para poder actuar basados en Ahimsa es necesario desarrollar este sentimiento, natural de los padres hacia sus hijos, hacia todos los seres vivientes. Entonces, debemos ver en Ahimsa no solo una directiva de ‘no hacer’, sino un mandato positivo. Este es el aspecto positivo de Ahimsa. Para cultivar Ahimsa, uno debe cultivar una actitud de aceptación y amor universal. Mahatma Gandhi dijo que Ahimsa no es solo un estado pasivo de no-dañar, sino un estado positivo y activo de amar y hacer el bien.

 Pero incluso el amor por sí mismo puede no ser suficiente, ya que también se necesita un conocimiento o sabiduría perspicaz. Nuestras intenciones pueden ser buenas y nuestro corazón estar puro, pero nuestra capacidad de discernir se ve afectada. Podemos herir sin tener la intención de hacerlo o sin siquiera saber que lo hicimos. Por ejemplo, cuando el daño se inflige a alguien que está lejos, como cuando consumimos energía (no sostenible) en exceso y estamos perjudicando indirectamente poblaciones vulnerables de África. Si no nos volvemos conscientes de las consecuencias del consumo excesivo, no sabremos el daño que estamos generando. En nuestra vida social también podemos insultar y herir a otro sin intenciones de hacerlo. Por lo tanto, para poder establecernos plenamente en Ahimsa necesitamos desarrollar sensibilidad y perspicacia. Esto se llama Viveka-Khyāteḥ. En el Sutra II.28, Patanjali dice que la práctica de todos los miembros del yoga conduce a la esencia de la sabiduría y visión perspicaz –Viveka-Khyāteḥ. Volviendo al cardiólogo obsesivo-compulsivo del ejemplo anterior, podemos decir que tiene conocimiento intelectual –Viveka-Jñana- pero eso no es suficiente. Necesitamos desarrollar perspicacia a un nivel tal que no permita herirnos a nosotros mismos o a otros. En ese sentido, Viveka-Khyāteḥ es un tipo de comprensión que cambia el comportamiento.

 Para cumplir plenamente con Ahimsa, la mente debe permanecer inafectada por sus seis enemigos: Kama (lujuria), Krodha (ira, odio), Lobha (codicia), Moha  (pensamiento ilusorio o enamoramiento), Mada (orgullo) y Matsarya (envidia). Si alguno de estos seis enemigos (Sad Ripu) está presente en la consciencia causará Himsa en algún momento.

Entonces para practicar Ahimsa necesitamos dejar ir y renunciar a ciertas cosas (Vairagya, uno de los dos hitos de la práctica yóguica), porque mientras anhelemos objetos vamos a buscar conseguirlos y esto puede llevarnos a Himsa. Prashant Iyengar señala que, según la psicología del yoga, la base de Ahimsa es Vairagya, alegría y simpleza:

“La psicología del yoga ubica la base de Ahimsa en Vairagya… Cuando hay un anhelo intenso por cumplir los deseos, se agita y evoca el pecado en potencia, la crueldad y brutalidad… es por ello que la búsqueda de deseos debe ser moderada a través del desarrollo de la des-pasión y el anhelo.”

[ “Yoga psychology traces the basis of Ahimsa in Vairagya… When there is intense craving for the fulfillment of desires, it only stirs up, it evokes the sin potential, cruelty and brutality… That is why the pursuit of desires should be moderated by cultivating dispassion and thirstlessness”.]

A simple vista puede ser dificil notar una relación directa entre la ‘des-pasión’ y Ahimsa, pero después de analizarlo podemos ver que las ansias por satisfacer nuestros deseos causarán daño tarde o temprano.

 

Cómo practicar Ahimsa

El primer paso en la práctica de Ahimsa es reconocer nuestras tendencias a Himsa e identificar cuándo, cómo y por qué surgen estas tendencias. Sin esta consciencia, no seremos capaces de avanzar. En teoría, podemos estar de acuerdo con el principio de Ahimsa y creer que vivimos acorde a ello. Pero, ¿qué sucede cuando alguien nos pisa? ¿Cómo surge la ira y cómo puede causar agresión? Debemos analizar nuestras acciones y reacciones a los eventos que nos suceden y examinar nuestras motivaciones a profundidad.

¡La práctica de Ahimsa debe ser parte de cada acción que realicemos en nuestras vidas!

Podemos empezar a practicar Ahimsa durante la práctica de āsana si observamos y nos preguntamos: ¿estoy dispuesto a sacrificar mi salud por ganar mayor competitividad? ¿estoy dispuesto a causarme daño para impresionar al profesor o a otros practicantes? ¿para sobresalir? Estas motivaciones también pueden existir en nuestra práctica personal en casa, porque cuando practicamos solos podemos estar haciéndolo con el objetivo de sobresalir e impresionar al resto en el futuro.

En El árbol del Yoga (en el capítulo Esfuerzo, percepción consciente y gozo), B.K.S. Iyengar explica la diferencia entre Ahimsa deliberada y Ahimsa no-deliberada durante la práctica de āsanas con un ejemplo muy interesante:

“En un lado hay violencia deliberada porque las células están trabajando en exceso. Y en la parte que llamamos no violenta hay violencia no deliberada, pues las células se están muriendo, como esos niños que nacen muertos.” ([2], p. 64)

La práctica de Ahimsa debe acompañarnos en todo momento. Como profesores debemos practicar Ahimsa cuando enseñamos; animar y fortalecer a los estudiantes, en vez de herirlos y debilitarlos. Debemos practicar Ahimsa con la palabra y examinar si nuestro discurso es ofensivo o insultante. Asimismo, debemos abstenernos de difamar a otros y evitar la propagación de chismes y rumores. Debemos practicar Ahimsa mientras manejamos pensando en todos los demás con que compartimos la calle.

Prashant indica que practicar Ahimsa directamente puede ser muy dificil para nosotros: ‘No debemos practicar Ahimsa por el bien de Ahimsa. Lo encontrarán dificil en diferentes aspectos de la vida. No será practicable.’. En cambio, sugiere desarrollar una infrastructura para Ahimsa practicando otros aspectos del yoga: ‘Yoga es un asunto psicológico. El yoga le enseña al alumno a desarrollar todas las cualidades que dan tranquilidad en la mente, alegría y sosiego, y aportan al estado sublime de la mente. Entonces continúa observando atentamente el significado y  sentido de la práctica de Āsanas y Pranayamas, cuida de tus hábitos alimenticios, cuida de tu estilo de vida y sigue Satsanga’  ([3], p. 65]

[“We do not need to practice Ahimsa for the sake of Ahimsa. You will find it difficult in the business of life. It will not be practicable”.  (…) “Yoga is a psychological subject. Yoga teaches the student to develop all the qualities that give you tranquility in the mind, contentment and sedate, sublime state of mind. So keep striking that import and purport of Asanas and Pranayamas in practices, take care of your food habits, take care of your lifestyle and follow Satsanga.” ([3], p. 65]

El ejercicio de yoga: asana, pranayama, nutrición correcta, un estilo de vida simple y estar cerca de personas elevadas o sagradas (Satsanga) creará dentro nuestro la infraestructura necesaria para Ahimsa, la transformación de la consciencia que hará posible practicar Ahimsa a plenitud:

‘Recuerden, aquellos que han practicado Yoga, si han realizado Sarvangasana, medio Halasana, Viparitakarani por 45 minutos o una buena hora, o si han practicado Pranayama exitosamente, ¿hay alguna huella de pecado en potencia en ustedes? Así es como la infraestructura debe desarrollarse.’ ([3], p. 64)

[“Recollect, those who have practiced Yoga, if you have done a long Sarvangasana half Halasana, Viparitakarani for about 45 minutes or for a good hour, or if you have practiced Pranayama successfully, is there a trace of sin-potential in you? That is how infrastructure is to be developed”.]

 

Fuentes:

  1. “On Power and Nonviolence, Life and Change of Mahatma Gandhi”, Yohanan Grinshpon
  2. “El árbol del Yoga” BKS Iyengar, Traducción al español: José Manuel Abeleira
  3. Ashtanga Yoga of Patanjali, (philosophy, religion culture, ethos and Practices), Prashant Iyengar
  4. The wisdom of Patajali’s Yoga Sutras, Ravi Ravindra

 

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